¿Paternidad en crisis?

No existe un manual con instrucciones para ser un buen padre o madre, en esta ardua labor de crianza surgen muchas preguntas relacionadas al cuidado adecuado del niño,  teniendo en cuenta que , las prácticas educativas parentales constituyen las primeras y, quizás, las más significativas influencias para el niño (Climent, 2006) .No obstante, existen otras preguntas que no se generan habitualmente, pero que observando el panorama valdría la pena hacerse y una de ellas es ¿Cuál es el papel actual del hombre en la crianza de los hijos? ¿Cómo la transformación de los roles de género influye en el papel del padre en la familia moderna?

 Estas preguntas resultan importantes debido a que actualmente parecería que muchos padres y madres de hoy no están satisfechos con sus maneras de proceder y los efectos que esto tiene en sus hijos. Por ejemplo, Venegas y Oviedo (2007) mencionan como los comportamientos y sentimientos de los padres y madres resultan ambiguos o contradictorios; por ejemplo, dicen amar a sus hijos e hijas, pero al mismo tiempo los maltratan, aunque algunas veces este papel se desea asumir y otras se suscita de manera accidental, sin embargo ¿Qué tanto eso que se castiga se lleva a cabo por las desventajas o consecuencias negativas respecto de los aprendizajes de los roles de género?

Diversos investigadores han notado cómo los cambios sociales han influido en las funciones paternas y maternas. Mucho tiempo la crianza y reproducción se ha atribuido a la mujer, idea que se sustenta por las condiciones biológicas como la lactancia, por otro lado, el papel del hombre estaba reservado al sustento económico y cuidado de la familia ¿pero y el afecto en dónde queda?  ¿Ser padre es cumplir solo con responsabilidades monetarias?

Un tiempo quizá se pensó así, esta concepción tradicional del padre a la que se atribuía más peso a su función como proveedor de dinero, de una figura de autoridad, de un modelo de referencia, pero que también incluía un cierto distanciamiento afectivo cómo si el intercambio de actividades lúdicas obstruyera la formación de “hombres” o “mujeres” rectos dejando a un lado el amor, el afecto, y todos esos intercambios afectivos que son importantes cómo se menciona , en el estudio de Le Sage y De Ruyter (2008) donde se identificó que a falta de cariño, así como la disciplina inconsistente y dura tienen una correlación negativa con el comportamiento prosocial y positiva con el desarrollo de la conducta antisocial. Por el contrario, un ambiente seguro y cálido, una relación padre-hijo consistente con el uso de la razón y la autoridad están asociados con el desarrollo prosocial.

Otro ejemplo nos los aporta Perea (2013) respecto a la experiencia de abuelos en diferentes contextos, ya que se ha observado que ellos permiten manifestarse más tiernos, afectivos, cómplices y consentidores con sus nietos, a pesar de que a veces no fueron así con sus propios hijos; el argumento que se esboza para ello es que a sus nietos no tienen que educarlos ni disciplinarlos como a sus hijos.  Por esto mismo vale la pena preguntarse qué tanto algunos hombres dejan de lado el afecto en su experiencia paterna, por pensar que ello no es compatible con las responsabilidades de ser padre.

Este modelo de padre también presentaba experiencias que, han marcado a muchas personas, cómo lo son; la violencia, la ausencia o el autoritarismo que imponía este modelo.  Podemos asociar la falta de afecto de este modelo a los casos donde esta incapacidad de reconocer y expresar emociones es aprendida por la idea de que la delicadeza es sinónimo de debilidad por estar asociada a rasgos “únicamente de las mujeres”, de la cual se entre ve una pedagogía de las conductas autodestructivas, al uso de la violencia como expresión de frustraciones y una forma tosca de demostrar la tristeza y desesperación.

Considerando que algunos hombres asumen que lo afectivo no es parte central del ejercicio paterno y centrando su atención en la responsabilidad puramente económica, cabe preguntarse ¿Cuál es el deseo de ser padre en la actualidad? ¿Qué consecuencias tiene el desplazamiento del hombre como proveedor dentro del hogar?

Por un lado, pienso que el deseo de ser padre en muchas ocasiones esta o estaba relacionado a los beneficios de ser padre siendo joven, es decir, la asunción de que la concepción trae consigo responsabilidad por el hecho de convertirse en padres o madres. Sin embargo, Amaya y Gaviría (2007) muestran que esta idea es una incoherencia de vida, un producto del sentido común, ya que ni la maternidad ni la paternidad son condiciones de adultez y no garantizan que los padres asuman la responsabilidad que ello implica. Por una parte, comentan, los más jóvenes manifiestan cierto temor a asumir esta nueva forma de vida y la responsabilidad que conlleva o simplemente prefieren seguir prolongando una vida infantil y dependiente convirtiendo a los abuelos en los responsables de la crianza. Por otra, para los adultos, esta forma de vida puede convertirse en un peso, una carga que se desea desatender lo más pronto posible cuando los hijos cumplan la mayoría de edad. Esta prisa o incentivo de no quedarse a vestir santos no muchas veces piensa en los efectos de un “mal padre joven” en los niños que traen al mundo, a pesar de que estos padres reconozcan que quieren ser mejores padres de lo que fueron los suyos, cómo mencionamos, desear no garantiza lograrlo.

Hasta este punto no es descabellado visibilizar que los varones han participado en su propia exclusión respecto a la crianza, un ejemplo de ello son las medidas implementadas a nivel jurídico para que los padres paguen la manutención de sus hijos. Por otro lado, las consecuencias que se suscitan al ser desplazados de su papel de proveedor económico, es decir, el deterioro de su salud al no poder cumplir con sus ideales de padre proveedor. (Jimenez et al 2007) documento casos de hombres desempleados que fallecieron algún tiempo después de ser entrevistados y que quienes los entrevistaron asumen que sus muertes podrían estar asociadas con la crisis que les produjo no poder cumplir con lo que percibían (y perciben muchos hombres) como su principal atributo, responsabilidad y hasta privilegio como hombres y como progenitores, a saber, la provisión de bienes materiales. Esto resulta interesante ya que en la mayoría de ocasiones la presión social y sus consecuencias asociada a la búsqueda de procrear generalmente se analizan más en la mujer, puesto que   el impedimento biológico en ocasiones ha llevado a algunas mujeres en ponerse en riesgo para disminuir las presiones y sanciones sociales de no tener hijos. Pero ¿Sucede lo mismo con los varones? Al parecer sí, cómo mencionamos el no poder proveer materialmente y cumplir con este modelo parece en nuestra actualidad traer consecuencias a la salud de los hombres en el transcurso del ejercicio de la paternidad y  es necesario que en este punto aclaremos que ya no es exclusivo de los varones, puesto que las mujeres han tomado también su papel de proveedoras económicas, lo importante aquí es enfatizar que la maternidad y la paternidad tienen complicaciones de salud más allá del cuerpo biológico y que impactan en ambos géneros.

La paternidad es una experiencia que nos puede acercar a resignificar nuestros aprendizajes de género, por eso es importante crear recursos que permitan afrontar estos malestares, situaciones injustas o violentas, tanto para mujeres como para hombres.  En este caso las mujeres han tomado la delantera en la re significación de su papel en la sociedad, dejando al hombre en una posición un tanto incomoda, puesto que para los hombres no existe una necesidad de analizar su papel ya que gozan de ciertos privilegios que dificultan reconocer a su vez los malestares que generan en ellos mismos, pero eso no cierra las posibilidades de generar nuevas formas que rompan con estos estereotipos de género, cada vez hay más hombres interesados en participar de mayor manera en la crianza, asumiendo otro rol dentro del hogar y la sociedad.

Si estas interesado puedes orientarte y pedir apoyo mediante un profesional de la salud mental, ya que con ello puedes prevenir y generar factores protectores en tú familia promoviendo estilos de crianza asertivos y sensibilizándote acerca de tu rol como padre o madre.

Referencias

Figueroa Perea, Juan Guillermo (2014). Algunas propuestas dialógicas para relacionar paternidad, salud y mortalidad. Iztapalapa, Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, (77),55-75.[fecha de Consulta 27 de Julio de 2020]. ISSN: 0185-4259. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=393/39348246003

Moreno Carmona, Norman Darío (2013). Familias cambiantes, paternidad en crisis. Psicología desde el Caribe, 30(1),177-209.[fecha de Consulta 27 de Julio de 2020]. ISSN: 0123-417X. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=213/21328600009

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