¿Las personas cambian? Acerca del cambio y la psicoterapia

Al menos alguna vez seguro te has o te han preguntado si es posible que las personas cambien, y de ello hay por una parte cierto escepticismo incluso hacia el trabajo psicoterapéutico pues afirmamos que las personas no pueden cambiar, mientras que otras ocasiones se afirma con seguridad y sin cuestiones ni dudas que sí, las personas cambian.

No obstante, ¿qué tan cierto es esto de que las personas cambian? O más bien ¿qué tan veraz es esto de que las personas cambian? Aquí te traemos un punto de vista desde la psicología conductual, y un adelanto; NO, las personas no cambian.

El cambio conductual y cómo se da

Las personas en general buscan cambiar constantemente muchos aspectos de su vida, incluso llegar a ser “otras personas”, dejar atrás eso que hemos sido y seguimos siendo y nos desagrada o queremos modificar por otra cosa, es un pensamiento constante en mucha gente. Desde el enfoque conductual, y dentro de la psicoterapia esto no es posible, pero no quiere decir que seamos los mismos para siempre y no haya ningún otro camino que él que hemos tomado a través del tiempo, más bien lo que se pretende es ayudar a cambiar lo que las personas hacen para que esto tenga impacto en su vida.  Así como la frase “somos lo que hacemos”, lo que cambia en las personas no son ellas cómo tal biológica o mentalmente, sino específicamente su comportamiento, y para ser aún más exactos; la manera en la que interactuamos o relacionamos de manera funcional con eso que hacemos y el contexto en donde estamos inmersos.

Esto quiere decir que el comportamiento de las personas puede cambiar de muchas formas, y no necesariamente cuando uno va con un psicólogo clínico. Por ejemplo, puede cambiar cuando estamos con amigos, con nuestra familia, en la escuela, en el trabajo, etc. De allí que este cambio sea posible y, de hecho, sucede; no obstante, todo este cambio pasa de una manera empírica, es decir, algo que experimentamos de primera mano y por ello la mayoría de las ocasiones no sabemos cómo y cuánto tiempo se requiere para ello. Un psicólogo formado desde el análisis de la conducta es aquel que puede saber acerca de qué tipo de procesos suceden para que se de en nosotros determinada conducta y de esta manera aprovechar esto para predecir el comportamiento cuando las circunstancias o el contexto es cotidiano y por ende cambiarlo de manera eficaz y eficiente.

Por ende lo que se trabaja desde esta visión cuando las cosas van bien y en consonancia con los objetivos del usuario, cliente o consultante de la psicoterapia es que la persona sigue siendo la misma, sólo que la diferencia radica en que ahora su comportamiento es distinto frente a determinadas situaciones; es decir, amplía su repertorio conductual lo cual le permite desenvolverse y responder con mayor satisfacción de manera individual y social.

El usuario se vuelve agente de su propio cambio conforme va aprendiendo y modificando su comportamiento tras cada sesión. Es una interacción recíproca en donde el resultado es lo que hacemos, y que muchas veces, si una persona no cambia es porque el contexto en el que se encuentra de alguna manera le impide cambiar.

¿Es necesario un “cambio de nuestro interior” para el cambio?

Regularmente se escucha y se comenta que para lograr un cambio en nuestras vidas y nuestra forma de ser debemos empezar por nuestro interior, pasar por algunas cosas como cambiar creencias o ideas, llevar procesos de aceptación y dejar ir cosas que no nos atoran en el pasado. Lo cierto es que no necesariamente es así, al menos no desde este enfoque de la psicología. Ya que ni son dos cosas separadas, ni ocurre una y luego otra, no hay un adentro ni tampoco un afuera.

Con esto me refiero a que aquello que conocemos como eventos internos o privados, a los que solo tiene acceso la persona que los experimenta desde las practicas basadas en el análisis de la conducta no son eventos privados que sean diferentes a los públicos, al contrario, estos son exactamente lo mismo y se rigen por los mismos principios, salvo que la accesibilidad antes mencionada.  De manera más clara el comportamiento que influye u opera con nuestro medio y cuya frecuencia futura es seleccionada y mantenida así cómo modelada por sus consecuencias pasadas es inherentemente flexible, uno puede hacer cualquier tipo de cosas que no nos gusten y dejar de hacer aquellas que traen consigo algo que nos guste. De la misma forma podemos “actuar” de cualquier forma aún con aquellos eventos privados que digan lo contrario.

Se puede apostar a que durante el proceso terapéutico se utilicen estrategias en donde se estén cambiando aquellas “ideas o creencias”, pero realmente se están cambiando conductas, privadas, pero al fin conductas y que más tarde se convertirá en lo que hace. Verlo de esta forma es más útil por varias razones, si se aplica lo que ya se conoce sobre el comportamiento a lo privado nos permite saber cómo se sustenta y las funciones que tienen, y de esta forma aumentar la eficacia terapéutica en la interacción verbal. Además, como ya es bien sabido, cualquier cambio cognitivo (evento privado) solo puede ser inferido mediante el cambio comportamental público-verbal. Nadie diría que una persona piensa de “manera distinta” si su comportamiento no es congruente con ello. No existe otra forma de comprobarlo, así que solo cuando logre cierto comportamiento o sus aproximaciones diríamos que va en buena dirección.

La aceptación o cualquier otro nombre que reciba, al igual que con los pensamientos, no ocurre primero ni viene de dentro de la persona, sino que esto sucede una vez que la persona hace algo distinto para inferir que “acepta” o “piensa distinto”. Es decir, se hace o se deja de hacer algo para aceptar o para pensar de manera distinta.

Como podemos ver, las personas son siempre las mismas; no hay como tal el hecho que las personas sean otras (aunque algunas veces sea deseable y otras veces le quite el sabor al asunto), sino que decimos que las personas cambian cuando cambia su comportamiento. Por ende, el trabajo del terapeuta es ayudar a que las personas actúen de manera distinta frente a ciertos contextos, y que siendo (las personas) su mismo actor puedan mejorar su satisfacción vital.

Referencias

Parga, M. (2020) Análisis funcional de la conducta humana. Ed. Piramide

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