Duelo Patológico

Hasta en la más mínima perdida hay una reacción, o bueno eso aplica a la mayoría de las personas ¿Apoco no te acuerdas de tu reacción a la primera vez que perdiste algo? ¿Cómo te sentiste? De esta pregunta resulta necesario decir que el duelo es la reacción natural a la perdida de algo, una persona un objeto o un evento significativo e implica también una reacción emocional que en la mayoría de nosotros se expresa en forma de aflicción o sufrimiento. ¿Recuerdas en cuanto tiempo se te fue el dolor?  Podemos pensar que nos duele en función del objeto/suceso y lo que signifique para nosotros, y por lo tanto la duración será entorno a la dimensión y significado de la perdida.  Se duelan muchas cosas desde personas hasta cambios corrientes, como cambiarte de casa pues puede implicar la sensación de pesar por la pérdida de lo vivido en ese lugar y los sentimientos que ahí se mantienen.

De las distintas razones para estar en duelo quizá la más dolorosa sea la finitud de nuestra vida y la de los seres queridos, pues es irreversible, universal e implacable y nos deja frente a la perdida incluso de la ilusión de un rencuentro. Por ello es necesario que todos llevemos un proceso de duelo acabo, sin embargo ¿Cuál es la duración del duelo? ¿Cuándo un duelo normal se vuelve patológico?

La duración del duelo

Si bien una duración exacta del duelo jamás se ha podido determinar. Más bien debe considerarse los factores que nos pueda decir que ha terminado el duelo, en este caso etapas: un punto central de un duelo acabado es cuando la persona es capaz de pensar en la perdida sin la presencia de dolor. La mayoría de los autores sitúa el duelo normal y otro llamado patológico del cual después hablaremos.  Se asume normal pues la mayoría de las personas presentamos un amplio rango de sentimientos y conductas después de una perdida y se da en todos de forma natural.  A diferencia está el duelo patológico que se describe como las manifestaciones de conductas des adaptativas o estados sin avance en el proceso del duelo hacía su resolución. El duelo normal se constituye de tres grandes fases con base a Davalos (2008);

  1. El inicio o primera etapa: se caracteriza por un estado de choque más o menos intenso, hay una alteración en el afecto, con una sensibilidad anestesiada, el intelecto está paralizado y se afecta el aspecto fisiológico con irregularidades en el ritmo cardiaco, náuseas o temblor.

La primera reacción puede ir desde el rechazo, la incredulidad hasta llegar a la negación, que se manifiesta por un comportamiento tranquilo e insensible, o por el contrario exaltado. Se trata de un mecanismo de defensa que se activa en la persona que ha sufrido la pérdida que muchas veces bloquea las facultades para procesar información en  las personas por el impacto emocional del suceso.

  • Etapa central: es el núcleo mismo del duelo; se distingue por un estado depresivo y es la etapa de mayor duración. Al principio, la imagen del desaparecido ocupa siempre y por completo la mente del doliente.

En esta fase se recuerda constantemente aquello que se ha ido y se añoran los pequeños detalles de la vida cotidiana que se compartían con el ser querido. Se instala también un estado depresivo, al que se le asocia un sentimiento de soledad y que puede durar de meses hasta años (en el caso de complicaciones en la elaboración del duelo).  Este estado depresivo del duelo hace que la persona este ensimismada en su persona, sin presentar interés en el mundo exterior.

  •  Etapa final: es el periodo de restablecimiento. Comienza cuando el sujeto mira hacia el futuro, se interesa por nuevos objetos y es capaz de volver a sentir nuevos deseos y de expresarlos.

Esta etapa se caracteriza por el desarrollo de nuevas relaciones sociales. El estado depresivo se disipa, el dolor y la pena disminuyen, y la persona experimenta un alivio por la aceptación de la perdida.

Ahora bien, Elisabetg Kübler- Ross describió cinco etapas para afrontar el proceso de duelo y es importante señalar que fungen como un guion para entender nuestras propias reacciones a grandes momentos de cambio no deseado.  Estas etapas no son paradas obligatorias ni se dan de forma lineal. No todo el mundo las vive, en la misma dirección o con la misma intensidad y en el mismo orden. Pero si las conocemos, nos ayudaran a transitar mejor por el proceso de duelo.

Las cinco etapas

  1. Negación. La etapa de las preguntas: ¿Cómo es posible que haya pasado? ¿Por qué a mí? Se define por la sensación de incredulidad pues no creemos lo que está sucediendo y nos negamos a aceptar lo que ocurre.
  2. Ira. Este proceso se manifiesta de múltiples formas: contra el origen de la causa (accidente, una persona, u algún suceso) contra terceros que no están claramente definidos (el destino, dios, la sociedad). Este sentimiento es básico y necesario y cuando antes se sienta, antes se disipará.  Sin embargo, no implica que aceptemos su manifestación en forma violenta y recurrente.
  3. Negociación; Es si bien una etapa que se da durante todo el proceso porque en sí el duelo es un proceso de negociación entre el suceso y su aceptación hasta la forma en que esta se lleva acabo. Uno de los sentimientos que más aparecen es el de volver atrás una y otra vez: “Ojalá lo hubiera hecho mejor” “Si pudiera estar ahí lo haría de otra manera”. Aceptar no significa sentirse bien o estar de acuerdo con lo que ha pasado, es asumir que hay una nueva realidad y que debemos aprender a vivir con ella.
  4. Depresión; La mayor parte de los sentimientos de las fases anteriores remiten al pasado, echamos la vista atrás para comprobar que fue lo que sucedió.  La depresión en cambio es una sensación de vacío, de tristeza cuando el cambio profundo se hace evidente en el presente pues es innegable e ineludible.
  5. Aceptación o rechazo. La etapa final, donde aceptamos el cambio con todas sus implicaciones o los rechazamos.  Aceptar la perdida desde el primer momento no implica que no pasemos por las fases anteriores que hemos descrito … lo que es que lo haremos con mejor estado de ánimo, de forma más rápida y con menos secuelas.

Duelo Patológico

El duelo anormal si así se puede llamar se conoce de diversas formas cómo; patológico, no resuelto, complicado, crónico, retrasado u exagerado. En la versión más reciente del Manual Diagnostico  y Estadístico de la Asociación  Psiquiátrica Americana se habla de las reacciones anormales de duelo como “duelo complicado”.

Cual sea la forma en que se le nombre, es la intensificación del duelo a un nivel por encima del control de la persona en el que se recurre a conductas des adaptativas o un estado estático en el cual el duelo no avanza a una resolución.

Se considera que existe un riesgo de duelo patológico cuando el dolor se prolonga considerablemente en el tiempo, cuando impide las actividades diarias de la persona sin más ocupación que la rememoración a lo perdido. Algunas de las conductas des adaptativas que sugieren los investigadores ((Horowitz, Wilner, Marmar y Krupnick, 1980);

  • Anclaje en los recuerdos y planteamientos de pregunta sin respuesta
  • Sentimientos de culpa
  • Emociones negativas de ira o de odio
  • Aislamiento social
  • Consumo excesivo de alcohol o drogas
  • Abuso de medicinas

El duelo patológico se manifiesta a nivel psicológico en forma de auto reproches, pensamientos de muerte persistentes o irritabilidad inhabitual contra terceros. A nivel físico pueden surgir alteraciones de la salud como trastornos del sueño y el apetito, fatiga, dolores musculares, estreñimiento dolor de cabeza, todo ello debido a una somatización (inicio de síntomas en el cuerpo debido a la problemática exterior) (Alario, 1996; Hinton. 1974). Por ello es importante el apoyo familiar y social, la evolución de un duelo normal a un duelo patológico dependerá de diversas circunstancias como el vínculo con la perdida y las circunstancias que rodean la perdida. Te compartimos una tabla de criterios para saber cuándo es conveniente la búsqueda de ayuda profesional:

  • Cuando las reacciones psicológicas (pensamientos, sentimientos, o conductas) perturbadoras duran más de 4 a 6 semanas.
  • Cuando hay una interferencia negativa grave en el funcionamiento cotidiano (familia, trabajo o escuela).
  • Cuando una persona se siente incómoda con sus pensamientos, sentimientos o conductas o se siente desbordada por ellos.

Para concluir volveremos a mencionar que el duelo acaba cuando la persona ya no necesita reactivar el recuerdo de la perdida con una intensidad exagerada en la vida diaria (pensar en lo perdido sin sentirse abrumado). Como vimos es importante que el duelo llegue a una relativa terminación y no se prolongue a un duelo patológico, por ello apoyar a las personas en un momento de duelo resulta sumamente importante ya que de estar en transición a un duelo patológico podríamos prevenir este hecho con una intervención profesional en tiempo adecuado. Los autores Echeburúa y Cano (2002) proponen metas fundamentales para las terapias de duelo y su éxito que te pueden ayudar a tomar en cuenta  si mantienes una relación de ayuda con un doliente.

  1. Ayuda a la persona a tomar consciencia de la muerte; en primer momento la sensación de irrealidad es normal. Hablar sobre la perdida ayuda a realizar esta tarea.  Puedes preguntar la forma en que se entero, cómo reacciono, que pensó, que sintió. También puede acompañar en los rituales que facilitan el cumplimiento de esta tarea, como la contemplación del difunto en los ritos funerarios.
  2. Ayudar a identificar y expresar sentimientos; los fuertes sentimientos que conlleva una perdida pueden provocar la evitación a experimentarlos y esto trae consigo dificultades al proceso de duelo. El simple hecho de dar ocasión de expresar los sentimientos y recibir una escucha empática, puede resultar de ayuda.
  3. Ayuda a la persona a ser capaz de resolver problemas cotidianos sin lo perdido; Es frecuente que la persona que se haya perdido era la que tomaba la mayoría de las decisiones en la pareja, en quien estaba cargo de algo esencial etc.  También es común que se quieran tomar decisiones drásticas e irreversbles en los primeros momentos del duelo (cambiar de casa, ciudad, compañero). Por ello se deben promover decisiones que tengan en cuenta las consecuencias y no solo la utilidad de la decisión para disminuir el sufrimiento.
  4. Favorecer la recolocación emocional de lo perdido; es dar un lugar en nuestra memoria a lo perdido, sin que ello tenga que alejarnos de sentir interés o afecto por otras cosas o personas.

Referencias.

Echeburúa, E., Herran, A. (2007) ¿Cuándo el duelo es patológico y cómo hay que tratarlo?. Análisis y modificación de conducta 33(147), 35- 45.

Rodríguez Vega, B., & Fernández Liria, A.. (2002). Intervenciones sobre problemas relacionados con el duelo para profesionales de Atención Primaria (II): intervenciones desde Atención Primaria de Salud. Medifam12(4), 60-72. Recuperado en 13 de marzo de 2020, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1131-57682002000400006&lng=es&tlng=es} Meza, D.,  Erika,  G., García, S., Torres, G, A., Castillo, L.,Sauri Suárez, S y  Martínez Silva, (2008) El proceso del duelo. Un mecanismo humano para el manejo de las pérdidas emocionales. Revista de Especialidades Médico-Quirúrgicas, 13 (1), 28-31. Recuperado en 13 de marzo de 2020 de  http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=

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